La iniciativa surge cuando la censura previa y la censura privado se combinan para silenciar el trabajo periodístico se combinan para diligenciar el trabajo periodístico en América Latina.

La censura no opera únicamente desde un cuartel o una oficina de gobierno como en el caso de Canal 12 frente a su demanda por Israel debido a la violación de censura militar, hoy también opera desde un algoritmo.

“Defiende tu voz en internet” es el nuevo servicio regional presentado el 29 de septiembre por la Federación Internacional de Periodistas (FIP), la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (Fepalc) y Observacom.

Es un servicio virtual de apoyo y orientación para periodistas y trabajadores de medios que enfrentan remoción de contenidos, suspensión de cuentas, desmonetización y shadow banning derivados de las decisiones de las plataformas digitales.

La primera etapa brindará atención en línea a casos concretos reportados por los integrantes de sindicatos afiliados a Fepalc en 13 países de América Latina y el Caribe. Está coordinado por Observacom con apoyo de Luminate.

¿Por qué es importante?

  • La censura ya no es solo estatal, es privada. Las grandes plataformas se han convertido en la plaza pública donde circula el periodismo. Cuando Facebook, Instagram, YouTube o TikTok bajan un reportaje por “infringir normas comunitarias” sin considerar el interés público o el valor periodístico, se convierten en censores de facto, sin debido proceso.

  • Existe la censura por denuncia coordinada. El servicio nace también para enfrentar el uso abusivo de mecanismos de denuncia por parte de terceros. Actores políticos, grupos de interés o granjas de troles denuncian masivamente contenidos periodísticos para que el algoritmo los elimine automáticamente. Es la nueva mordaza.

  • La censura genera autocensura. Como documenta RSF y Artículo 19, cuando un periodista ve que su colega es sancionado por publicar un viaje oficial (como el caso de Netanyahu), la próxima vez lo piensa dos veces. Y ahí muere la democracia: no por un gran acto de censura, sino por mil pequeños silencios.

El servicio se va a articular con herramientas como Apelatrón, una guía automatizada que ayuda a presentar apelaciones afectivas dentro de las plataformas y a entender qué tipo de restricciones son a las que se enfrenta y cuáles son nuestros derechos.

Permitir cualquier forma de censura es normalizar que alguien más decida qué podemos ver, leer y compartir.