Las redes de periodismo en América Latina se han convertido en una herramienta central para sostener el trabajo informativo, proteger a periodistas y mantener viva la cobertura en contextos donde el poder busca imponer silencio mediante el avance del autoritarismo, el exilio forzado, la asfixia económica y la violencia contra la prensa.

En el panel “Redes de periodismo en América Latina: investigar, resistir y colaborar”, moderado por Adela Navarro, directora general del semanario ZETA, los participantes coincidieron en que en el momento actual se hace particularmente relevante contar con mecanismos o protocolos de seguridad física, digital mental y legal. Asimismo, se hizo un llamado a trabajar colectivamente.

“El trabajo en red es fundamental, pero en sobre todo en este momento, hay una reacción mucho más robusta si se hace en red y además podemos tener la capacidad de hacer incidencia, tanto local como internacional, y complementarnos entre organizaciones”, expuso Adriana León, de IPYS y Voces del Sur.

En la conferencia regional Periodismo frente al silencio, organizado por Artículo 19 y la UNESCO, destacó que el trabajo en red se ha vuelto indispensable porque permite compartir aprendizajes, documentar patrones comunes de agresión y responder mejor ante amenazas que ya son regionales.

León subrayó que hoy el periodismo no solo debe seguir investigando, sino hacerlo con protocolos de seguridad física, digital, mental y legal, debido a que la criminalidad organizada, la violencia digital y la persecución judicial se han vuelto parte del entorno cotidiano en varios países.

Por su parte, Carlos Lauría, director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), expuso que, ante el incremento del exilio periodístico en países como Nicaragua, Venezuela, Cuba, El Salvador, Guatemala y Ecuador, se impulsó la Red Latinoamericana del Periodismo en el Exilio (RELPEX), con el objetivo de ofrecer asistencia de emergencia, acompañamiento legal y apoyo en empleabilidad para periodistas y medios obligados a operar fuera de sus países. 

Explicó que uno de los componentes más relevantes del programa es subsidiar parte de los salarios de periodistas exiliados para evitar que abandonen el oficio por falta de ingresos.

Lauría subrayó además que muchas de las personas en exilio requieren no solo protección inmediata, sino también apoyo psicosocial, formación y acceso a redes profesionales, pues el exilio suele venir acompañado de trauma, desarraigo e incertidumbre legal y económica.

Mauricio Weibel, del Foro Latinoamericano y Caribeño de Periodismo, de Chile, afirmó que América Latina cuenta con una tradición fuerte de redes y organización periodística, pero advirtió que el momento actual exige dar un paso más.

A su juicio, el problema ya no es únicamente la agresión a periodistas, sino un deterioro más amplio de la democracia, impulsado por actores políticos y económicos que ven en la libertad de expresión un obstáculo y no una garantía.

En ese marco, subrayó la importancia de avanzar en iniciativas regionales como la ley modelo de protección a periodistas y personas trabajadoras de la prensa, que ya ha entrado en procesos legislativos en países como Chile, Paraguay, Argentina y Brasil.

También insistió en que el periodismo necesita fortalecer su credibilidad, su vínculo con las audiencias y su capacidad de articularse con universidades, organismos internacionales y otros actores democráticos.

Reivindicando el valor del periodismo 

Adriana León, de IPYS y Voces del Sur, enfatizó la necesidad de reconquistar a la ciudadanía, en un momento en que la estigmatización y la desinformación han debilitado la confianza en la prensa.

A este respecto, Evelyn Blanc, de la Red Rompe el Miedo Guatemala, expuso la experiencia de la Red como una estructura de alerta, acompañamiento e incidencia frente a agresiones contra periodistas. 

Explicó que la red ha ayudado no solo a visibilizar casos y activar protección, sino también a fortalecer iniciativas como No Nos Callarán, un colectivo de periodistas que ha impulsado campañas para reivindicar el valor del oficio y enfrentar la criminalización desde una voz gremial.

A su juicio, uno de los mayores desafíos es volver a explicar a la ciudadanía qué hace el periodismo, por qué importa y por qué su defensa es una causa democrática.

"Durante tres años se han hecho unas campañas formidables, de aprecio ciudadano del periodismo; son pequeños videoclips donde se explica cuál es la metodología del periodismo, cómo se hace, y se muestran, por ejemplo, muchos casos que fueron atendidos por el Estado, a partir de publicaciones de prensa", dijo.

Blanc advirtió que en Guatemala las zonas silenciadas crecen por la combinación de poder local, crimen organizado y miedo, y que en esos escenarios las redes cumplen una función doble: proteger a periodistas y sostener la posibilidad misma de seguir informando.

Por su parte, Jonathan Bock, del Fondo de Periodismo Futuro, de Colombia, expuso que otro desafío de periodistas y medios es la sostenibilidad financiera

Indicó que muchos medios locales y regionales operan con presupuestos mínimos, equipos pequeños y una incertidumbre constante sobre su supervivencia. 

En ese contexto, explicó el trabajo del Fondo de Periodismo Futuro en Colombia como una apuesta para crear mecanismos más estructurados de financiamiento a medios de interés público.

Bock señaló que uno de los grandes retos de esta etapa es pasar de la colaboración basada solo en voluntad a esquemas más firmes, donde los medios puedan compartir recursos, servicios, aprendizajes y estructuras de apoyo para seguir existiendo.